es una hermosa mañana
la tormenta cubre el día y no puede saberse la hora
truena
y las luces de la ciudad
aún no se apagan
es una mañana extrañísima
los colectivos pasan transpirados
con manos, palabras escritas con los dedos en las ventanillas
arriba truena
las baldosas se secan y se mojan
se secan
y van a mojarse otra vez
lo saben
no me voy a trabajar
vuelvo
en mi último día
medialunas no más velaran por mí
me voy para no volver
me echaron para que no vuelva
guarden sus olores, endurézcanse
salen almohadas de todos los rincones
almohadas en el boulevard
almohadas doblando la esquina
almohadas
dulces y suaves almohadas
cayendo como plumas
de los balcones de los edificios
una almohada atiende en el quiosco
y me vende un cospel
desde lejos me lo dice duermeee
mañana alumbrada
el vapor se condensa y son gotas gordas y brillantes
con reflejos de luces en la ventanilla
junto a mí
ahora el horizonte quiere amanecer
pero kilómetros de niebla dan al este
la textura y el color de un algodón
de frutilla
cada tanto, un relámpago
como espasmos en el algodón
la azúcar eléctrica
los cables de los trolebuses
camino al sol
con su rastro de plástico y cobre invisible
las nubes en el cielo
lo cubren como mantas
como enredaderas en el interior de un acolchado
una marea alta
se mueven y son millones de pequeñas olas en terreno pedregoso
el cielo
es un terreno pedregoso
Igual,
no confió en el vidrio
¿cómo se puede ser tangible
y traslucido a la vez?




